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Dino Armas

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Jueves 11.08.2011, 09:44 hs l Montevideo, Uruguay.

Espectáculos

Se estrena obra uruguaya en Argentina

Química. Texto de Dino Armas dirigido por Graciela Balletti en Buenos Aires

 

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C. R.

El teatro uruguayo sigue ganando terreno en Buenos Aires. Ahora, un texto del dramaturgo uruguayo Dino Armas subirá a escena mañana viernes en el Espacio Cultural El Sábato, con puesta de la directora Graciela Balletti.

Se trata de la obra Sus ojos se cerraron, que se presentará con el título Estos locos, locos amores, en versión en clave grotesca y musical a cargo de la propia directora.

"Conozco a Dino hace casi 30 años y felizmente a esta altura de la vida, ya he podido montar varios de sus textos. Primero fue Pagar el pato, en 2002, con la cual tuvimos grandes satisfacciones, entre ellas, haberla representado en una Universidad de Chicago. Luego hice una segunda versión de esa misma obra con otro elenco, en 2008, y después Sus ojos se cerraron, también en 2008. En 2009, tuve el placer de darle vida al personaje de Rosa en Los raros, recordó a El País Graciela Balletti, quien adelanta que baraja la idea de montar otro texto de Armas a futuro.

"Es un texto fabuloso, absolutamente teatral, para actuar y disfrutar plenamente de esa actuación! Y para realizar un montaje que devenga de esas actuaciones, que permita brillar pero que a la vez no se note que ese montaje está trabajado al milímetro. Los personajes accionan todo el tiempo de mil maneras diferentes y todos a la vez. Es realmente vertiginoso", agregó la directora entusiasmada.

"Pasan tantas cosas en tan poco tiempo, que no tenés espacio ni para respirar. Éste es el gran desafío para una puesta en escena de este material, ¿cómo hacer que la actuación sea orgánica, profunda, verdadera, a la vez que vertiginosa y colorida? También son muy interesantes, las posibilidades estilísticas que ofrece su montaje. Hay humor negro, comedia brillante, drama, tragedia, y lo más notable, su encuadre melodramático, con la infaltable novia abandonada y sufriente. En síntesis, un gran sainete finisecular", afirma.

Balletti asegura que luego de mucho tiempo de investigación escénica, ha creado un estilo que se podría definir como grotesco musical, rara síntesis que le permite un lenguaje escénico potente, en este caso potenciado por el texto de Armas.

El elenco está integrado por Marina Andrada, Florencia Laval, Majo Ñañez, Alejandro Giménez, Julián Cortina, Carlos Larrañaga, Susana Mosciaro, Ailén Ponce, Florencia García, Samanta Fiorino, Federico Milman, Juan Manuel González Rotstein y Ramiro Álvarez Peña.

Dino Armas, dramaturgo uruguayo viaja otra vez a Estados Unidos

 por Álvaro Loureiro

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Dino Armas, dramaturgo uruguayo de respetable trayectoria, proviene del Cerro, barrio al que no olvida y donde surgió su vocación teatral que, durante muchos años, se entrecruzó con la docencia en escuelas de Enseñanza Primaria. Quienes lo siguen de cerca se han percatado de su poderosa intuición para captar personajes populares y, a través de ellos, derribar las paredes del costumbrismo e ingresar en los terrenos más amplios del grotesco, el absurdo o la poesía. Por cierto, su regocijante sentido del humor ventila, a menudo, la implacable disección de la realidad cotidiana que Armas busca depositar en plateas cómplices. ¡Feliz día, papá! (candidato al Florencio 1989) Extraños por la calle, Sus ojos se cerraron, Se ruega no enviar coronas (Florencio 1992) y Pagar el pato constituyen apenas una muestra de los hitos en la carrera de un autor que ha sido actor y que dirige con frecuencia textos propios y ajenos. Sin lugar a dudas, Dino Armas puede ser definido como un profundo conocedor del teatro por fuera y por dentro. Recientemente, por otra parte, sus textos han comenzado a divulgarse en Argentina y Estados Unidos, país desde el cual le llegan no sólo invitaciones para viajar y ver puestas de sus textos, sino también pedidos más puntuales para grupos de esa procedencia.

Sobre todo lo que antecede y algo más, Armas responde nuestro cuestionario

 

-¿Cuántas obras tuyas han sido estrenadas en el exterior?

- Pentágono en Nueva York; ¡Feliz día, papá! en Asunción del Paraguay; Pagar El  pato, en Buenos Aires, Mar del Plata y Chicago; Rifar el corazón, en Washington y Chicago; ¿Y si te canto canciones de amor?, en Bragado (Provincia de Buenos Aires), Chicago y Miami.

 

- ¿Cómo explicarías el hecho de que a pesar de haber sido reconocido aquí como un autor que pinta realidades intransferiblemente locales, los tuyo interese en lugares tan distantes como Chicago?

- Las obras mías que se han hecho en el exterior – dejando de lado Buenos Aires donde las raíces y todo lo que nos une nos lleva a tener casi el mismo lenguaje- funcionaron por tener en su seno un tema universal. En Pentágono es la soledad del adulto mayor, confinado como una cosa en un geriátrico. En ¡Feliz día, papá! es el triunfo de la vida sobre la muerte y la pasión extrema por un deporte. En Pagar el pato es el juego de poderes que mata hasta el amor. En Rifar el corazón las soledades y angustias de tres mujeres unidas por un vínculo familiar que los prejuicios y secretos destruyen para siempre. En ¿Y si te canto canciones de amor? es la lucha del distinto –un homosexual asumido y una mujer soltera que tiene relaciones con un casado- por sobrevivir en una sociedad que los señala y condena.

 

- El público uruguayo, al parecer el de otras latitudes entiende, aprecia, se ríe y se emociona con tus textos. ¿Te parece que con la crítica nacional sucede otro tanto? ¿Encuentras en ese ámbito oídos tan receptivos como los de las plateas?

- Respecto a la crítica, no quisiera generalizar ni etiquetarla como lo han hecho conmigo. Los que no quieren oír, los que tienen los ojos en la nuca son unos pocos críticos –no más de cinco- que vivan y aplauden todo lo que viene de Francia o Alemania y desdeñan la voz de lo nacional. Son, para mí, como personajes de una tilinga ramake de’900. Son los mismos que cuando se estrena un autor nacional no van o lo hacen llevando prejuicios o pre-juicios establecidos. Son los mismos que hablan fuerte y mal con sus esposas o con quien tenga al lado sobre todo lo que está pasando en el escenario. Entonces, frente a ello, sirve más como referencia de valor  la crítica de un Bob Anthony en Washington, de un Rodríguez Barilari en Chicago, de un Carlos Pacheco en Buenos Aires, las opiniones de China Zorrilla, de Santiago Doria o la del jurado del Premio Tirso de Molina. A esta altura de mi carrera es el juicio del medio teatral el que avala mi dramaturgia; esa enorme cantidad de actores y directores de Montevideo, del interior de la República y del exterior que hacen y vuelven a hacer mis obras. Y es, sobre todo, el juicio del público el que realmente debe importar, el que se hace oír por medio de un cálido aplauso y el que no me ha fallado desde hace 41 años.

 

- ¿Cómo nacieron algunas de tus obras?

-  Nacen de la observación de mi entorno laboral y familiar. Nacen de algún hecho que me duela, que me sobresalte, que me llame la atención. Nacen de mi vida, de la mía y de

las de los demás.

 

- ¿En qué medida te satisface el hecho de adaptar textos ajenos?

- Adaptar me gustó siempre. De hecho, dos de mis primeras obras estrenadas fueron adaptaciones: El principito y la rosa, de El principito de Antoine de Saint-Exupéry y Candombe al sur, basada ni más ni menos que en el Canto IV de La Eneida. Adaptar es, para mí, un placer y un desafío. Pasar ese cuento o novela y lograr transformarlo en una obra de teatro es fascinante. El cambio de registro, el poder hacer que algo que nació para ser leído para uno mismo se pueda decir en voz alta y desde el escenario no es tarea fácil. Está, por encima de todo el no traicionar al autor en ese traslado y que la obra de teatro que surja mantenga el mismo estilo del cuento o novela. Me gusta ceñirme ese corsé que te impone el texto elegido para adaptar: el tener que respetar su comienzo y final, el devenir de los personajes y tratar de trasladar sus palabras y giros idiomáticos.

Adaptar textos ajenos me gusta más –casi- que hacer textos propios. Si se revisa mi producción puede llegar a sorprender la cantidad de trabajos adaptados al teatro que tengo.

 

- ¿Te parece que la mayor parte de tus títulos pertenecen a un mismo género?

- Para nada. Hay sí una unidad de estilo y se reconoce al autor detrás de cada texto, pero cada anécdota que tomo se expresa en forma diferente. Es el tema elegido el que da el tono que va a tener la obra. Si dejamos de lado la separación de teatro para niños y de adultos, lo que ya te determina un género, hay dentro de mi producción obras,  musicales, sainetes, grotesco, teatro del absurdo, naturalismo, obras históricas, tragedias y comedias costumbristas, collages y obras cortas. Pienso que mi dramaturgia ha ido cambiando, evolucionando, de la misma manera que yo, como persona he ido creciendo y cambiando. Obra y autor son una misma cosa.

 

- ¿Qué te ha llevado a dirigir?

- El seguir profundizando en la escritura. Para mí, dirigir es hacer una reescritura del texto elegido. Una reescritura que no se hace con una máquina y un papel sino con los actores en cada ensayo.

 

- ¿Con qué tipo de actores te sientes más cómodo?

- Cada vez elijo trabajar con autores que sean buenas personas, que sientan el hecho teatral como un disfrute. Cada vez más desconfío de “los nombres” y de “las trayectorias” tanto en técnicos como en autores y busco a la persona, al individuo, a aquel que está en mi misma sintonía, en mi misma búsqueda.

 

- ¿Has sentido que el teatro oficial contempla al autor nacional con el mismo interés que le deparan los elencos independientes?

- La deuda para con el actor nacional en el teatro oficial es cada vez mayor. Hubo épocas en las que la Comedia Nacional dedicó un año entero y una sala a hacer Florencio Sánchez. Así mismo, en otras administraciones, la presencia del autor nacional se equilibraba más con los textos foráneos. Cada vez se fue haciendo menos autor nacional sin mayores explicaciones de ese porqué. Sería bueno, también, que el elenco oficial tuviese una política de teatro de repertorio en cuanto al autor nacional. Las nuevas generaciones, al no existir publicaciones, desconoce a autores como Deugenio, Patrón, Maggi. Al volverlos a reponer, la Comedia nacional cubriría esa carencia. Pero con el tema Comedia Nacional pasa con la gente de teatro lo mismo que con el fútbol: somos tres millones de directores técnicos a opinar.

 

- Florencio, Ernesto Herrera… ¿podrías seguir agregando nombres de peso a la lista de autores nacionales para el recuerdo?

- Muchos y muy importantes. A saber, Orlando Aldama (Cuando los duendes cazan perdices), Juan Carlos Patrón (Procesado 1040), Juan Carlos Legido (Los cuatro perros), Ruben Deugenio (Ana en blanco y negro), Jacobo Langsser (Esperando la carroza), Carlos Maggi (El patio de la torcaza), Milton Schinca (Boulevard sarandí), Yharo Sosa (El mono y su sombra), Carlos Manuel Varela (La Esperanza S.A.), Raquel Diana (Cuentos de hadas).

 

- ¿Qué la aconsejarías a quien se dispone a hacer sus primeras armas en la escritura teatral?

- Primero que tenga una buena salud mental y física para salir al ruedo. Creer mucho en sí mismo para no desmayar ante la primera crítica mala. Intentarlo una y otra vez. Leer y ver mucho teatro. Intentar otros caminos, como el actuar, el dirigir, el diseñar luces y todo lo qu tenga que ver con el entorno teatral; esta suma de experiencias lo va a hacer escribir mejor. Por último: que no copie, que sea auténtico, que sea él mismo.

 

- Mujeres directoras, actrices premiadas, mujeres protagonistas en tus obras…¿fue algo buscado?

- No fue algo buscado. Es cierto, sí que en casi todas mis obras hay personajes femeninos protagonistas y también de soporte, que permiten el lucimiento de actrices

De hecho, muchas han sido candidatas al premio Florencio: Claudia Rossi, Sara Otermin, Elena Zuasti, Gabriela Iribarren , Soledad Gilmet. Pienso que todo tiene que ver con mi mundo laboral, el magisterio y el del teatro. En estos dos mundos, la presencia de la mujer es muy fuerte. En mis obras, ellas son el motor de la historia y las que, generalmente, precipitan los desenlaces.

Lo de las mujeres en la dirección es curioso y cierto. Para muestra, basta un botón, dicen. Hagamos una lista. En ella están Mabel Rondán, Tita Buenafama, Elena Zuasti, 

Silvia Vázquez, Lucila Irazábal,  Claudia Pérez, Estela Mieres, Cecilia Baranda, Julia Amoretti, Filomena Gentile, Isabel Schiapanni, Teresa Deubaldo, Teresa Acosta, Gloria Levy, más Graciela Baletti, Patricia Pisani, en Buenos Aires, y Rosario Vargas en Chicago… Es una lista seguramente incompleta, porque por ahí debe de estar otra mujer estudiando alguna obra mía para hacer este año o el próximo…  

Dino Armas y su relación con Montevideo.-

Sagaz y Observador

Observador de tiempo completo, Dino es capáz de captar las principales características de la gente que día a día pasa por sus alrededores, plasmando en personajes la maldad, bondad, comicidad, desdichas, seducción, y todos los resortes que mueven al ser humano y lo plasma bajo forma de diálogos y situaciones en sus obras.
Desde una prostituta a un hombre de negocios, y desde un desalojado a un trabajador, Dino refleja en personajes llenos de vida todos los comportamientos y pensamientos de los ciudadanos del mundo.

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Dino

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Dino, en representación de Teatro Capricornio (Miami - U.S.A) entregando a la actríz y directora Patricia Yosi una plaqueta conmemorativa de los 50 años de Teatro Circular de Montevideo.

ENTREVISTA DIARIO "EL CLARIN" - BUENOS AIRES
 

Impecable, con una camisa de cuadros y mirada gentil, Dino Armas soporta el calor y la humedad de Buenos Aires con elegancia. Considerado el maestro del grotesco y del humor negro en su país, Uruguay, cruzó el charco para presentar la obra Pagar el pato en el Actor´s Studio. Se trata de una historia fuerte, marginal y sofocante pero cargada de humor negro e ironía. Dos personajes componen la obra: Roma, una mujer con una cicatriz monstruosa en la cara y Omar, un hombre que la envía a pedir limosna en los colectivos. Alrededor de este dúo se desarrolla la trama que, según Dino, es "un grotesco como los de antes, donde hay una situación límite que lleva de la risa al drama, pero en un contexto más moderno".



Los personajes de la obra, ¿existen?

Esta obra a se me ocurrió cuando viajaba en colectivo por la periferia de Montevideo, donde yo iba a dar clases, en una escuela, porque soy maestro. Veía subir vendedores ambulantes y gente muy sufrida. Un día empecé a tomar conciencia de lo que hay detrás de esas personas, si hay alguien que los explota, qué tipo de vida llevan. Cuando subió una mujer con una cicatriz terrible en la cara nació Roma, el personaje de la obra.



¿Con el grotesco se logra que el público tome conciencia de lo que querés mostrar?

La obra en clave dramática sería difícil de digerir. Si se agregan situaciones de risa —risa amarga a veces— se "engancha" de otra manera al espectador.

¿Cómo fue el proceso de escritura del texto?

Me producía un dolor físico, a pesar de que tengo oficio. Sentía presión en el pecho, dolor de estómago, me ahogaba.



¿Por qué, ese nivel de identificación?

Porque se dicen cosas muy tremendas y dolorosas, inclusive en la parte cómica. Es un viaje hacia un mundo muy oscuro.



De toda su obra, ¿cuál es su personaje favorito?

Es una mujer de la alta sociedad uruguaya que se llamaba Irma Avegno, que existió y que en 1913 estafó a una amiga, llevándose todo su dinero. Interpol la persiguió y su huida terminó en Temperley, donde antes de ser atrapada se suicidó disfrazada de pobre pero con ropa interior de lujo. Este es el personaje de una obra mía que se llama Se ruega no enviar coronas.



¿Qué importancia tiene la música en sus obras?

Yo cuando escribo, lo hago escuchando música a todo volumen. Y eso se refleja en mis trabajos. Por ejemplo, en Pagar el pato, cuyo subtítulo es Tango para dos, hay temas de Rodolfo Mederos, que se adecuan perfectamente a la historia.



¿Esta pieza es atemporal o es que en estas latitudes nada cambia?

La escribí en el 95-96 y en el ensayo me preguntaron si la había escrito este año. El juego de poder entre el sometedor y el sometido es universal. Y dadas la marginalidad de los personajes, la crisis y la falta de valores, creo que va a seguir vigente por mucho tiempo más.



¿Qué siente un dramaturgo uruguayo al estrenar en Buenos Aires?

Me da una gran satisfacción tanto por el nivel de actuación como de dirección. Noto que se valorizó el grotesco; en la Argentina se hace muy bien el género, y se interpreta muy bien el humor negro, que en la obra es un descanso entre tanto drama.

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